sábado, 18 de febrero de 2017

13) Ítaca. Al fin!!

Ciudad del Cabo - 12/Feb/2017 - 6983 km

(English below... As I'm able!!!)

El 25 de julio de 2016 aterricé en Nairobi con mi bicicleta. Mi objetivo era intentar llegar a Ciudad del Cabo pedaleando. Hacia años que quería hacer un gran viaje en bici por África y, aunque la idea me daba miedo, tenía claro que debia intentar cumplir mi sueño.

Según se acercaba la fecha de mi viaje, me sentía avanzando por un túnel en el que tarde o temprano habría un muro con el que chocaría. Ese muro podría materializarse de diferentes formas:

Podría ser un conductor imprudente en alguna de las múltiples carreteras o ciudades que atravesaria.

Podría ser un gran animal salvaje -en Tanzania viven la mitad de todos los leones del mundo- o más pequeño como la temible Mamba Negra o alguna de las otras serpientes que habitan en este continente.

Podría ser aún más pequeño. Uno de los diminutos mosquitos Anopheles que anualmente matan en África a unas 400.000 personas por malaria. Por alguna razón los mosquitos creen que por mis venas circula chocolate, pero por mis problemas de alergia no podía tomar la profilaxis ni siquiera en zonas de especial riesgo.

Podría ser algún descerebrado que valorara más mi dinero que mi vida.

Podría ser... quién sabe qué.

Según fui recorriendo pueblos y carreteras fui comprendiendo que todos esos miedos eran infundados, que era bastante improbable que algo así me sucediera: la mayoría de los conductores te respetan, los animales huyen de las carreteras y evitan a las personas, los repelentes,  mangas y pantalones largos cumplen su cometido -además de llevar un tratamiento de choque si me daba malaria- y, lo más importante, la mayoría de las personas son gente buena que quieren vivir en paz  con los que les rodean.

Una vez dejado los miedos atrás es cuando se comienza a avanzar, a crecer. Durante mis 8 meses pedaleando por Sudamérica una amiga me recomendó que leyese el libro "Siddharta", de Hesse. En una ocasión Siddharta  -verdadero nombre de Buda- necesitaba trabajo, así que un mercader le preguntó qué sabía hacer. Siddharta respondió que sólo sabía pensar, ayunar y esperar. Que quien sabe eso puede ejercer la magia.

Viajar en bicicleta tiene mucho que ver con pensar, ayunar y esperar. Durante horas, cada día, tan solo tus pensamientos te acompañan. Contigo cargas lo imprescindible, así que ayunas de infinidad de lujos superfluos de los que disfrutarías en tu vida cotidiana. Por último, un viaje en bicicleta consiste en esperar. Con paciencia, durante horas o días, esperas. Esperas que aparezca un lugar donde conseguir agua, una persona con la que conversar, un lugar donde descansar, una sonrisa con la que conectar. Cuando aparecen, es el regalo de ese día. Todos los días tienen sus regalos. A veces grandes, a veces pequeños. Esa es la magia de viajar en bicicleta.

En este viaje he tenido días exigentes, pero tal vez el día más duro de todos fueron unos míseros 80 Km en Sudáfrica para ir de Kimberley a Petrusburg. Aproveché para resolver unas cuestiones por la mañana con lo que comencé a pedalear sobre las 10. Ese día tuve que luchar contra un fuerte viento de frente y un sol que, desde un hermoso cielo azul, castigaba sin piedad. Había partido con 2 litros de agua, lo que había sido más que suficiente los días previos. Ese día el agua se evaporaba por mis poros y me fue imposible conseguir agua en todo el camino. Las últimas horas iba bebiendo un sorbito de agua cada 5 Km, así que pedaleaba motivado por esa dosis de agua. Llegué a Petrusburg ya anochecido. Mi tablet señalaba un alojamiento en ese pequeño pueblo, pero no daba con él. Parado en una calle, exhausto y de mal humor, consultaba mi gps. De pronto un vehículo se paró a mi lado y un hombre me preguntó qué estaba buscando. Se lo expliqué y me contestó que me podía quedar en su casa. Le seguí y me abrió las puertas de su casa y de su familia. Dewald me explicó que en 2010 habia hecho un gran viaje en bici por el sur de África.  Tras acostar a los dos niños pequeños nos quedamos su mujer, él y yo disfrutando de un asado y de una entrañable charla. Así que tras uno de los días más duros, vino una de las noches más agradables. Eso son los regalos del camino. Si eres capaz de mantenerte esperándolos, al final aparecen.

En estos meses en África he visto paisajes maravillosos y animales exóticos y admirables, he nadado con delfines, he saltado el bungy jumping más alto del mundo, he estado en una jaula con tiburones blancos alrededor.... Pero de lejos, lo más importante que he hecho es conocer gente interesante. Con algunos he mantenido pequeñas charlas y con otros he compartido días, y hasta un mes con Álex. Eso es lo principal que me llevo de este apasionante continente.

Fue muy emocionante llegar al Cabo Agulhas. El extremo sur de África!! A la izquierda el Océano Indico. A la derecha el Océano Atlántico. Frente a mí, más allá del horizonte, la Antártida. Tras de mí, medio año pedaleando en África. Me senté a contemplar lo que me rodeaba. Lo que veía y lo que sentía. Lágrimas me recordaban en silencio que lo había conseguido.

No me sentía eufórico, con ganas de gritar, sino que sentía paz y satisfacción. Orgullo por la capacidad humana de superación. La que todos tenemos y nos permite llegar mucho más lejos de lo que creemos. Sólo hay que saltar.

Cuando llegué a Ciudad del Cabo no fui directo a mi hostel, sino que quise llegar con mi bici hasta el muelle. Uno de los mejores sitios para contemplar la flamante Table Mountain que, con sus más de mil metros de altura, domina toda la ciudad.

Ante ella, mi viaje pedaleando por África terminaba. El entorno era totalmente diferente. La sensación era la misma: paz, satisfacción y orgullo.

En Sudáfrica me ha pasado en varias ocasiones que alguien se acerca a mí y me abre las puertas de su casa. He cenado, dormido y desayunado con personas extraordinarias. Sin miedo al extraño. Con corazones enormes. Estos últimos días en Ciudad del Cabo el destino me ha regalado toda una familia, con los que he conectado profundamente y a los que me llevo en mi corazón. No podía terminar mejor mi viaje.

Este viaje ya forma parte de mi vida. En mi futuro tendré otros viajes hacia Ítaca. Todos los tendremos.

Espero que esta experiencia me ayude en mi camino venidero.

Espero que este blog te ayude en tu camino venidero.

Un abrazo.



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Ithaca. Finally!!

Cape Town - 12/Feb/2017 - 6983 km

On July 25th, 2016 I landed in Nairobi with my bicycle. My goal was to try to get to Cape Town by pedaling. For years I wanted to make a great trip by bicycle in Africa and, although the idea scared me, I was sure that I had to try to fulfill my dream.

As the date of my trip approached, I felt myself advancing through a tunnel, in which, sooner or later, there would be a wall with which I would crash. That wall could materialize in different ways:

It could be a reckless driver on any of the multiple roads or cities I would cross.

It could be a great wild animal -Tanzania contains half of the world's population of lions- or smaller like the terrible Black Mamba or one of the other snakes that inhabit this continent.

It could be even smaller. One of the tiny Anopheles mosquitoes that annually kill about 400,000 people in Africa because of malaria. For some reason mosquitoes believe that chocolate circulates through my vains. Beside, because of my allergy problems I should not take prophylaxis even in areas of special risk.

It could be some brainless one that valued my money more than my life.

It could be ... who knows what.

When I started traveling through towns and roads, I realized that all those fears were unfounded, that it was quite unlikely that something like this would happen to me: most drivers respect you, animals flee from the roads and avoid people, repellents, Long pants and sleeves do their job -in addition to having a emergency treatment if I had malaria- and, tbe most important, most people are good people who want to live in peace with those around them.

Once your fears are behind you, that is when you begin to advance, to grow. During my 8 months pedaling for South America a friend recommended me to read the book "Siddharta", wrote by Hesse. On one occasion Siddhartha -the real name of Buda- needed work, so a merchant asked him what he was able to do. Siddhartha answered that he was only able to think, to fast, and to wait. Who knew that could create magic.

A cycling journey involves a lot of thinking, fasting and waiting. For hours, every day, only your thoughts are going along with you. As you only carry the essential stuff, you fast of a lot of superfluous luxuries that you would enjoy in your daily life. Finally, a bicycle journey is a matter of waiting. With patience, for hours or days, you wait. You wait for a place to find water, for a person to talk to, for a place to rest, for a smile to connect with. When they appear, it is the gift of that day. Every day has its gifts. Sometimes big, sometimes small. That is the magic of a cycling journey.

On this trip I have had demanding days, but perhaps the hardest day of all was a short 80 km in South Africa, to go from Kimberley to Petrusburg. I took advantage to solve some issues during the morning, so I began to pedal around 10. That day I had to fight against a strong headwind and a powerful sun that, from a beautiful blue sky, punished without pity. I started with 2 liters of water, which had been more than enough the previous days. That day the water evaporated through my pores and I was unable to get water during all the way. The last hours I was drinking a sip of water every 5 km, so I pedaled, motivated by that dose of water. I arrived in Petrusburg when it was getting dark. My tablet directed me to a guest house in that small town, but I could not find it. Standing in a street, exhausted and in a bad mood, I was watching my GPS. Suddenly a vehicle stopped at my side and a man asked me what I was looking for. I explained to him and he offered me a room in his house. I followed him and he opened the doors of his house and his family to me. Dewald explained to me that in 2010 he had done a great bicycle trip through Southern Africa. After laying the two little kids to bed, him, his wife and myself enjoyed a barbecue and a very nice chat. So after one of the hardest days of my trip, one of the nicer nights came. Those are the gifts of the road. If you are able to keep waiting for them, they eventually appear.

In these months in Africa I have seen wonderful landscapes,exotic and admirable animals, I have swum with dolphins, I have jumped the highest bungy jumping in the world, I have been in a cage with white sharks around .... But by far, the most important thing I have done is meet interesting people. With some I have had small chats and with others I have shared days, and even a month with Alex. Those are my best memories from this exciting continent.

It was very exciting to get to Cape Agulhas. The southern tip of Africa!! Towards the left laid the Indian Ocean. Towards the right, the Atlantic Ocean. In front of me, beyond the horizon, Antarctica. Behind me, half a year pedaling in Africa. I sat and looked around. What I saw and what I felt. Tears silently reminded me that I did it.

I did not feel euphoric, I didn't want to scream, but I felt peace and satisfaction. Pride for the human ability to overcome. The one we all have and allows us to go much further than we believe. It's only a matter of a jump.

When I arrived in Cape Town I didn't go directly to my hostel. I went to the waterfront with my bicycle, one of the best places to admire the awesome Table Mountain which, with more than one thousand meters high, dominates the whole city.

In front of that montain my trip pedaling through Africa ended. The scene was totally different. The feelings were the same: peace, satisfaction and pride.

In South Africa it has happened to me on several occasions that someone approaches me and opens the doors of their house to me. I have had dinner, slept and had breakfast along with extraordinary people. Without fear of strangers. With huge hearts. These last days in Cape Town, fate has given me a whole family, with whom I have deeply connected and whom I carry in my heart. I could not finish my trip better.

This journey is already part of my life. In my future I will have other journeys to Ithaca. We all will have them.

I hope this experience will help me on my future journeys.

I hope this blog will help you on your future journeys.

A big hug.


jueves, 2 de febrero de 2017

12) El legado de Mandela

Mossel Bay (Sudáfrica) - 27/01/2017 - 6331 Km.

(English below... As I'm able!!!)

Cuando me acercaba a este país, muchas personas locales, blancos y negros, me advertían: " Cuidado que Sudáfrica no es Zambia", "no es Zimbabwe", "no es Botswana". Yo no suelo hacer mucho caso a las noticias sensacionalistas de los medios de comunicación, pero esto era diferente.

Los primeros días en Sudáfrica temía que un coche se parara a mi lado, salieran varios tipos con pistolas y me dejaran con lo puesto en mitad de una carretera solitaria. Pero en pocos días fui conociendo a los sudafricanos de carne y hueso. Personas tan amables como en el resto del África que he recorrido, pese a notar una clara separación entre razas debido a diferencias culturales, religiosas, económicas, lingüísticas... Tal vez por eso fui tan bien recibido por los blancos que, al ser pocos hacen piña entre ellos. También bien recibido por los negros, que al ver a un blanco usando sus medios de transporte, buscando agua o comida en una barriada de negros, se sorprendían y me ayudaban en lo que podían.
No obstante, no se debe olvidar que en las grandes ciudades hay enormes diferencias sociales entre sus habitantes, así que he adoptado algunas medidas extras de seguridad: no llevo mochila, ni reloj, ni cartera. Tan solo algo de efectivo y un teléfono móvil que me compré -sólo tenia una tablet- y utilizo como reloj, cámara y para llamar a un taxi si va a oscurecer. Además, aunque los conductores son muy respetuoso con los ciclistas, en la Nacional 2 llevo el chaleco reflectante -la siniestralidad en las carreteras sudafricanas es bastante alta-. Me siento seguro en Sudáfrica, lo cual sólo significa que no veo más posibilidades de que me ocurra algo malo aquí, que en cualquier otro sitio.

En comparación con los países que he visitado anteriormente, Sudáfrica es como un trocito de Estados Unidos encajado en el sur de este continente. No hay pueblos ni aldeas como en los otros países, sino ciudades separadas generalmente unos 100 Km y, en medio, granjas con kilometros y kilometros de alambradas de espinas y puertas cerradas con candado.

En el centro de las ciudades la vida se desarrolla entre centros comerciales y cadenas internacionales de "comida saludable"!!

Entré a Sudáfrica por el norte (Sellado de pasaporte gratis/En la frontera/Muy fácil/3 meses). Zona rural. Llanuras reverdecidas con las recientes lluvias. Las distancias entre los pueblos son enormes, pero un viento de cola fuerte y constante, junto con un clima nuboso de temporada de lluvias, me llevaban en volandas de un sitio a otro.

Al cabo de unos 7 días de Sudáfrica rural decidí que merecía la pena ver las grandes ciudades de este país. Así que dejé la bici en Kimberley y me fui a Johannesburgo (Joburg como aquí la llaman). La ciudad más grande del país desde que se descubrió oro en 1886. Joburg es una de las ciudades del mundo más famosas por su inseguridad. Esperaba notar la tensión en sus habitantes: miedo a ser atracados, coches con todo cerrado... Por contra me encontré una ciudad dinámica, con gente hablando por el móvil en la calle y conductores, de todo tipo de coches, relajados con el codito por fuera. Gente amable me ayudaban cada vez que lo necesitaba.

El Museo del Apartheid es suficiente reclamo como para darse un salto a Joburg. Hace unos años leí el libro de Dominique Lapierre: "Un arco iris en la noche" que cuenta la historia de Sudáfrica desde que desembarcaron los primeros holandeses en 1652 para cultivar hortalizas para los marineros que doblaban el Cabo de Buena Esperanza, hasta la toma de posesión de Mandela en 1994. Desde entonces me ha admirado Nelson Mandela. Su capacidad, casi más divina que humana, de llevar a toda una nación enfurecida hacia el perdón, en lugar de hacia la venganza. Es cierto que aún existe separación (apartheid) entre razas, pero ahora se puede vivir en paz y con los mismos derechos y posibilidades, por lo menos legales, para todos. Pero entrar en este museo te permite dar un paso más para asimilar la deshumanización que se vivió en este país por muchos años y apreciar mejor la labor de Mandela, que frenó las lógicas ansias de venganza de millones de negros sudafricanos y cómo con sus palabras evitó una guerra.

Creo que en este pais no se olvidan que el legado de Mandela es la paz de la que hoy disfrutan

Hice un "Free Walking Tour" por el centro y el guía nos dijo que hace tan sólo 5 años era muy peligroso hacerlo. Así que parece que esta ciudad está caminando en buena dirección.

Durante el walking tour vimos unos cuantos de los "edificios fantasmas" del centro de esta ciudad. Edificios tomados por los negros cuando los blancos huyeron al final del apartheid y finalmente desalojados hace años. Curiosamente marcados con pintura rosada.

Al día siguiente me fui a Soweto, el Bronx de Joburg!! Me habían dicho que fuera en una excursion, pero preferí coger una guagua y plantarme allí sin más. Soweto fue clave en la lucha contra el apartheid. En una protesta pacífica en 1976, un niño de 13 años, Hector Pieterson, fue abatido por las fuerzas antidisturbio, lo que provocó el conocido como "Levantamiento de Soweto". Ahora su centro es un área muy tranquila en donde se puede visitar la casa de Mandela, el museo Hector Pieterson y poco más, pero me gustó el paseo.

Eddy Grant le dedicó una famosa canción en 1990 donde habla del apartheid, Soweto, etc.
Aquí puedes escucharla: YouTube Gimme hope Joanna
Y aquí ver la letra traducida 

Por supuesto que en estas ciudades ocurren multitud de incidentes violentos todos los dias, como en la mayoría de grandes ciudades, y que los medios están rebosando con esas noticias, pero mi sensación es que se puede pasear por esas ciudades, sin llamar la atención, con muy pocas posibilidades de verse envuelto en un incidente violento.

Al dia siguiente puse rumbo a Pretoria, la Capital Administrativa. Es una ciudad más tranquila y segura que Joburg, con un montón de embajadas y el propio gobierno sudafricano. Algunas personas se quejan de que es demasiado tranquila, sobre todo por la noche.

Un sábado lluvioso fui a visitar la plaza central: "Church Square". Muchos edificios importante se dan cita en torno a ella. Me llamó la atención ver el Palacio de Justicia, donde se firmó la sentencia de cadena perpetua a Mandela.

Entré a almorzar en el tranquilo Café Riche, de principios del siglo XX. Tuve una larga conversación con el dueño. Hablando y hablando, me enteré que había trabajado en el gobierno de Mandela en la época del final del apartheid. Me contó que era una persona extraordinariamente atenta y que recordaba y se preocupaba de todo su enorme equipo. Le pregunté si la visión que da la película Invictus sobre él estaba muy maquillada y me contestó que no, que Mandela es tal y como lo interpreta Morgan Freeman y que aquellos primeros momentos del cambio fueron así de intensos y esperanzadores.

A mi me encanta esa película. Cuando la vi, hace años, quise saber cuánto había de realidad. En youtube comprobé que el desenlace era exactamente igual que la realidad. Incluso en un momento sucede un disparate que parece un desvarío de los guionistas. Pero, sin embargo, hasta ese disparate fue real. No obstante dudaba si la personalidad de Mandela había pasado por el filtro de Hollywood Parece que, afortunadamente, no hizo falta.

En Pretoria, como en toda Sudáfrica, se le tiene un gran aprecio.

Tras este paréntesis de una semana, volví a buscar mi bicicleta a Kimberley con la idea de no seguir pedaleando por el interior del país, viendo el mismo paisaje, sino coger un tren a la costa. Tras dos duros días de pedalear contra el viento y el calor, llegué a Bloemfontein -Fuente de Flores-. La Capital Judicial. Una ciudad aún más pequeña y tranquila que Pretoria.

Por Bloemfontein pasa el tren en dirección a Port Elizabeth, en el Océano Índico. La costa de Sudáfrica es como una gran playa infinita que une el Indico con el Atlántico, azotada por la furia del viento y el oleaje que campan a sus anchas por los mares del sur.

Desde aquí comencé a disfrutar de la tercera Sudáfrica. Había dejado atrás la rural e interior, también la de las grandes urbes y ahora le tocaba el turno a la deslumbrante belleza natural de su costa. En particular, de la "Garden Route": montañas cubiertas de densa vegetación cortadas por profundos ríos, playas de arena blanca ideales para el surf, actividades para todos los gustos -pateos, bungee jumping más alto del mundo, paracaidismo, avistamiento de ballenas, jaulas para ver tiburones blancos, etc-, y una infraestructura mochilera maravillosa -con alojamientos como Dijembe en el que según llegas te sientes parte de una gran familia-.



Me quedan unos 4 días para llegar al Cabo Agulhas (el extremo sur de África) y luego 4 o 5 más para bajarme de la bici en Cape Town.

Ha pasado más de medio año desde que aterricé en Nairobi.

Ya estoy muy cerca!!!

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Mandela's heritage

Mossel Bay (South Africa) - 27/Jan/2017 - 6331 Km.

When I was approaching to this country, many local people, white and black, warned me: "Be aware that South Africa is not Zambia", "it's not Zimbabwe", "it's not Botswana". I usually don't pay much attention to the sensational news from the media, but this was different.

The first days in South Africa I feared that a car would stop at my side and several guys with pistols would leave me in the middle of a lonely road with nothing. But in a few days I knew the real South Africans. People as kind as in the rest of Africa that I have traveled, despite there is a clear separation between races due to cultural, religious, economic, linguistic differences ... Perhaps that is why I was so well welcomed by whites that, being few, they do team between them. Also well received by blacks who, seeing a white man using their transport, looking for water or food in a black neighborhood, were surprised and helped me in what they could.

However, it should not be forgotten that in the big cities there are huge social differences among its inhabitants, so I have adopted some extra safety measures: I don't carry a backpack, watch or wallet. Just some cash and a mobile phone that I bought - I only had a tablet - and I use it as a clock, camera and to call a taxi if it's going to darken. In addition, although the drivers are very respectful with the cyclists, in the National 2 I am wearing the reflective vest -the accident rate on South African's roads is quite high-. After a while, I feel safe in South Africa, which just means I don't feel more chances that something bad will happen to me here, than anywhere else.

Compared to the countries I have visited previously, South Africa is like a bit of United States attached in the south of this continent. There are no towns or villages as in other countries, but cities separated by about 100 km and, in the middle, farms with miles and miles of barbed wire with thorns and locked doors. In the center of the cities life is developed between commercial centers and international chains of "healthy food" !!

I entered South Africa from the north (Free passport stamp / On the border / Very easy / 3 months). Rural zone. Plains greenish with recent rains. The distances between villages are huge, but a strong and constant tailwind, along with a rainy season's cloudy weather, carried me from place to place easy.

After about 7 days of rural South Africa I decided that it was worth seeing the big cities. So I left the bicycle at Kimberley and went to Johannesburg (Joburg as they call it here). The largest city in the country since gold was discovered in 1886. Joburg is one of the world's most famous cities for its insecurity. I expected to notice the tension in its inhabitants: fear of being mugged, cars with everything closed ... On the contrary I found a dynamic city, with people talking by phones on the street and drivers, all kinds of cars, relaxed with the elbow outside. Kind people helped me whenever I needed it.

The Apartheid Museum is enough to go to Joburg. A few years ago I read Dominique Lapierre's book "A Rainbow in the Night" which tells the story of South Africa since the first Dutch got Cape Town in 1652 to grow vegetables for sailors who doubled the Cape of Good Hope, to the Mandela's takeover in 1994. Since then, Nelson Mandela has admired me. His ability, almost more divine than human, to lead an entire enraged nation to forgiveness, rather than to revenge. It is true that there is still apartheid (separation) between races, but now they live more or less in peace and with the same rights and possibilities for all, at least legally. But entering this museum allows you to take a step further to assimilate the dehumanization that has been experienced in this country for many years and to better appreciate the work of Mandela, who stopped the logical revenge of millions of South Africans and how, with his words, he avoided a war.

I think this country don't forget that the legacy of Mandela is the peace that today enjoy.

I did a "Free Walking Tour" through the city center and the guide told us that it was very dangerous just 5 years ago. So it seems that this city is walking in the right direction.

During the walking tour we saw a few of the "ghost buildings". Buildings taken by blacks when white people fled at the end of apartheid and finally forced to be abandon years ago. Curiously marked with pink paint.

The next day I went to Soweto, the Bronx of Joburg!! I had been advised for a few people to go on a tour for safety reasons, but I preferred to take a public bus. Soweto was key in the fight against apartheid. In a peaceful protest in 1976, a 13-year-old boy, Hector Pieterson, was shot down by government forces, prompting the so-called "Uprising of Soweto." Now its center is a very peaceful and quiet area where you can visit the Mandela house, the Hector Pieterson museum and little else, but I liked the visit. 

Eddy Grant dedicated a famous song in 1990 where he sings about apartheid, Soweto, etc. 
Here you can listen to it: YouTube Gimme hope Joanna.
And here is the lyrics.

Of course, in these cities there are a lot of violent incidents every day, as in most major cities, and the media are overflowing with these news, but my feeling is that you can walk through these cities without attracting attention, with very little chance of being involved in a violent incident. 

The next day I went to Pretoria, the Administrative Capital. It is quieter and safer than Joburg, with a lot of embassies and the South African government itself. Some people complain that it is too quiet, especially at night. 

On a rainy Saturday I went to visit the central square: "Church Square". Many important buildings come together around it. It struck me to see the Palace of Justice, where it was signed the life-time imprisonment sentence for Mandela

I went to have lunch in the quiet Café Riche, in a building of the beginning of the 20th century. I had a long conversation with the owner. Talking and talking, I knew that he had worked on the Mandela's government at the time of the end of apartheid. He told me that he was an extraordinarily attentive person and that he remembered and cared about all his huge team. I asked him if the vision that the film "Invictus" gives about him was very makeup and he said no. Mandela is as Morgan Freeman interpreted and that those first moments of the change were so intense and hopeful as it shows.

I love that movie. When I watched it, years ago, I wanted to know how much real it was. On Youtube I verified that the main facts were exactly the same as the movie. Even in one moment a nonsense happens that seems a foolishness of the writers. But even that nonsense was real. However I doubted if Mandela's personality in the movie had gone through the Hollywood filter. It seems that, fortunately, it was not necessary.

In Pretoria, as in all South Africa, people have great appreciation for him. 

After this week-long break, I went back to Kimberley to pick up my bicycle with the idea of ​​not going on pedaling inside the country, seeing the same landscape, but catching a train to the coast. After two hard days of pedaling against the wind and the heat, I arrived at Bloemfontein -Fountain of Flowers-. The Judicial Capital. An even smaller and quieter city than Pretoria.

At Bloemfontein is possible to catch the train towards Port Elizabeth, in the Indian Ocean. The coast of South Africa is like a never-ending beach that connects the Indian with the Atlantic oceans, swept by the fury of the wind and waves that runs at its widest.

From here I started to enjoy the third South Africa. I had left behind the rural and interior, also the one of the great cities and now it was the turn to the amazing natural beauty of its coast. In particular, at the "Garden Route": mountains covered with dense vegetation cut by deep rivers, white sandy beaches ideal for surfing, activities for all tastes - hiking, bungee jumping highest in the world, skydiving, whale watching, white sharks cages, etc.- and a wonderful backpacking infrastructure - with accommodations like Dijembe where you feel part of a large family-



I still have about 4 days to get to Cape Agulhas (the southern tip of Africa) and then 4 or 5 more to get off my bicycle in Cape Town. 

It's been more than half a year since I landed in Nairobi. 

I'm already very close!!!