domingo, 1 de enero de 2017

13) Ítaca. Al fin!!

Ciudad del Cabo - 12/Feb/2017 - 6983 km

(English below... As I'm able!!!)

El 25 de julio de 2016 aterricé en Nairobi con mi bicicleta. Mi objetivo era intentar llegar a Ciudad del Cabo pedaleando. Hacia años que quería hacer un gran viaje en bici por África y, aunque la idea me daba miedo, tenía claro que no me iba a quedar tranquilo hasta intentar cumplir mi sueño. Así que no me quedaba otra que tirar para delante.

Según se acercaba la fecha de mi viaje se iba acrecentando en mí una sensación de inseguridad, de vértigo hacia lo que parecía que iba a ser una gran caída, un gran golpe. No me veía ni remotamente capacitado para cruzar medio continente africano en bicicleta. Los problemas podían materializarse de muchas formas:

* podría ser un conductor imprudente en alguna de las múltiples carreteras o ciudades que atravesaría.

* podría ser un gran animal salvaje -en Tanzania viven la mitad de todos los leones del mundo- o más pequeño como la temible Mamba Negra o alguna de las otras serpientes que habitan en este continente.

* podría ser aún más pequeño. Uno de los diminutos mosquitos Anopheles que anualmente matan en África a unas 400.000 personas por malaria. Por alguna razón los mosquitos creen que por mis venas circula chocolate y me suelen acribillar, además, debido a mis problemas de alergia no podía tomar la profilaxis ni siquiera en zonas de especial peligro como iba a ser cruzar Zimbabue y Zambia en época de lluvias.

* podría ser algún descerebrado que valorara más mi dinero que mi vida.

* podría ser... quién sabe qué.

Según fui recorriendo pueblos y carreteras fui comprendiendo que todos esos miedos eran infundados, que era bastante improbable que algo malo me sucediera: la mayoría de los conductores te respetan, los animales huyen de las carreteras y evitan a las personas, los repelentes,  mangas y pantalones largos cumplen su cometido -además de llevar un tratamiento de choque si me daba malaria- y, lo más importante, la mayoría de las personas son gente buena que quieren vivir en paz con los que les rodean.

Una vez dejado los miedos atrás es cuando se comienza a avanzar, a crecer. Durante mis 8 meses pedaleando por Sudamérica una amiga me recomendó que leyese el libro "Siddhartha", de Hesse. En una ocasión Siddhartha  -verdadero nombre de Buda- necesitaba trabajo, así que un mercader le preguntó qué sabía hacer. Siddhartha respondió que sólo sabía pensar, ayunar y esperar. Que quien sabe eso puede ejercer la magia.

Viajar en bicicleta tiene mucho que ver con pensar, ayunar y esperar. Durante horas, cada día, tan solo tus pensamientos te acompañan. Contigo cargas lo imprescindible, así que ayunas de infinidad de lujos superfluos que considerarías imprescindibles en tu vida cotidiana. Por último, un viaje en bicicleta consiste en esperar. Con paciencia, durante horas o días, esperas. Esperas que aparezca un lugar donde conseguir agua, una persona con la que conversar, un lugar donde descansar, una sonrisa con la que conectar. Cuando aparecen, es el regalo de ese día. Todos los días tienen sus regalos. A veces grandes, a veces pequeños. Esa es la magia de viajar en bicicleta.

En este viaje he tenido días exigentes, pero tal vez el día más duro de todos fueron unos míseros 80 Km en Sudáfrica para ir de Kimberley a Petrusburg. Como la distancia no era mucha, aproveché para resolver unas cuestiones por la mañana con lo que comencé a pedalear sobre las 10. Ese día tuve que luchar contra un fuerte viento de frente y un sol que, desde un hermoso cielo azul, castigaba sin piedad. Había partido con 2 litros de agua, lo que había sido más que suficiente los días previos. Ese día el agua se evaporaba por mis poros y me fue imposible conseguir agua en todo el camino. Las últimas horas iba bebiendo un sorbito de agua cada 5 Km, así que pedaleaba motivado por esa dosis de agua. Llegué a Petrusburg ya anochecido. Mi tablet señalaba un alojamiento en ese pequeño pueblo, pero no daba con él. Parado en una calle, exhausto y de mal humor, consultaba la tablet. De pronto un vehículo se paró a mi lado y un hombre me preguntó qué estaba buscando. Se lo expliqué y me contestó que me podía quedar en su casa. Le seguí y me abrió las puertas de su casa y de su familia. Dewald me explicó que en 2010 había hecho un gran viaje en bici por el sur de África.  Tras acostar a los dos niños pequeños, nos quedamos su mujer, él y yo disfrutando de un asado y de una entrañable charla sobre nuestras experiencias descubriendo el mundo en nuestras humildes bicicletas, compartiendo solidaridad y entusiasmo. Así que tras uno de los días más duros, vino una de las noches más agradables. Eso son los regalos del camino. Si eres capaz de mantenerte esperándolos, al final aparecen.


En estos meses en África he visto paisajes maravillosos y animales exóticos y admirables, he nadado con delfines, he saltado el bungy jumping más alto del mundo, he estado en una jaula con tiburones blancos alrededor.... Pero de lejos, lo más importante que he hecho es conocer gente interesante. Con algunos he mantenido pequeñas charlas y con otros he compartido días, y hasta un mes con Álex. Eso es lo principal que me llevo de este apasionante continente.


Fue muy emocionante llegar al Cabo Agulhas. El extremo sur de África!! A la izquierda el Océano Indico. A la derecha el Océano Atlántico. Frente a mí, más allá del horizonte, la Antártida. Tras de mí, más de medio año pedaleando en África. Me senté a contemplar lo que me rodeaba. Lo que veía y lo que sentía. Lágrimas me recordaban en silencio que lo había conseguido.


No me sentía eufórico, con ganas de gritar, sino que sentía paz y satisfacción. Orgullo por la capacidad humana de superación. La que todos tenemos y nos permite llegar mucho más lejos de lo que creemos. Sólo hay que saltar.


Cuando llegué a Ciudad del Cabo no fui directo a mi hostel, sino que quise llegar con mi bici hasta el muelle. Uno de los mejores sitios para contemplar la flamante Table Mountain que, con sus más de mil metros de altura, domina toda la ciudad.


Ante ella, mi viaje pedaleando por África terminaba. El entorno era totalmente diferente. La sensación era la misma: paz, satisfacción y orgullo.

En Sudáfrica me ha pasado en varias ocasiones que alguien se acerca a mí y me abre las puertas de su casa. He cenado, dormido y desayunado con personas extraordinarias. Sin miedo al extraño. Con corazones enormes. Estos últimos días en Ciudad del Cabo el destino me ha regalado toda una familia, con los que he conectado profundamente y a los que me llevo en mi corazón. No podía terminar mejor mi viaje.


Este viaje ya forma parte de mi vida. En mi futuro tendré otros viajes hacia Ítaca. Todos los tendremos.

Espero que esta experiencia me ayude en mi camino venidero.

Espero que esta experiencia te inspire en tu camino venidero.

Un abrazo,

César.



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Ithaca. Finally!!

Cape Town - 12/Feb/2017 - 6983 km

On July 25th, 2016 I landed in Nairobi with my bicycle. My goal was to try to get to Cape Town by pedaling. For years I wanted to make a great trip by bicycle in Africa and, although the idea scared me, I was sure that I was not going to get calm until I had tried to fulfill my dream. So, I had no choice, I had to try it.

As the date of my trip approached, a feeling of insecurity was growing inside myself. A vertigo of what seemed like a great fall. I did not even see myself at all able to cross half African continent by bicycle. The problems could come in many ways:

* it could be a reckless driver on any of the multiple roads or cities I would cross.

* it could be a great wild animal -Tanzania contains half of the world's population of lions- or smaller like the terrible Black Mamba or one of the other snakes that inhabit this continent.

* it could be even smaller. One of the tiny Anopheles mosquitoes that annually kill about 400,000 people in Africa because of malaria. For some reason, mosquitoes believe that chocolate circulates in my veins so they usually pester me. Also, due to my allergy problems, I could not take prophylaxis even in areas of special danger like crossing Zimbabwe and Zambia in the rainy season.

* it could be some brainless one that valued my money more than my life.

* it could be ... who knows what.

When I started traveling through towns and roads, I realized that all those fears were unfounded, that it was quite unlikely that something bad would happen to me: most drivers respect you, animals flee from the roads and avoid people, repellents, long pants and sleeves do their job -in addition to carry a emergency treatment if I had malaria- and, the most important, most people are good people who want to live in peace with those around them.

Once your overcome your fears, that is when you begin to get farther, to grow. During my 8 months pedaling for South America a friend recommended me to read the book "Siddhartha", wrote by Hesse. On one occasion Siddhartha -the real name of Buda- needed a job, so a merchant asked him what he was able to do. Siddhartha answered that he was only able to think, to fast, and to wait. Who knew that could create magic.

A cycling journey involves a lot of thinking, fasting and waiting. For hours, every day, only your thoughts are going along with you. As you only carry the essential stuff, you fast of infinity superfluous luxuries that would be considered as a necessity in your daily life. Finally, a bicycle journey is a matter of waiting. With patience, for hours or days, you wait. You wait for a place to find water, for a person to talk to, for a place to rest, for a smile to connect with. When they appear, it is the gift of that day. Every day has its gifts. Sometimes big, sometimes small. That is the magic of a cycling journey.

On this trip I have had many tough days, but perhaps the hardest day of all was a short stage of 80 km in South Africa, to go from Kimberley to Petrusburg. As the distance was not much, I took advantage to solve some issues during the morning, so I began pedaling at around 10 am. That day I had to fight against a strong headwind and a powerful sun that, from a beautiful blue sky, punished me without pity. I started with 2 liters of water, which had been more than enough the previous days. That day the water evaporated through my pores and I was unable to get water during all the way. The last hours I was drinking a sip of water every 5 km, so I pedaled, motivated by that dose of water. I arrived in Petrusburg when it was getting dark. My tablet addressed me to a guest house in that small village, but I could not find it. Standing in a street, exhausted and in a bad mood, I was checking my tablet. Suddenly a vehicle stopped at my side and a man asked me what I was looking for. I explained to him and he offered me a room in his house. I followed him and he opened to me the doors of his house and his family. Dewald explained me that in 2010 he had done a great bicycle trip through Southern Africa. After lay the two little children to bed the three of us stayed enjoying a barbecue and a charming chat about our experiences discovering the world in our humble bicycles, sharing solidarity and enthusiasm. So after one of the hardest days of my trip, came one of the nicest nights. Those are the gifts of the way. If you are able to keep waiting for them, they eventually appear.


In these months in Africa I have seen wonderful landscapes, exotic and admirable animals, I have swum with dolphins, I have jumped the highest bungy jumping in the world, I have been in a cage with white sharks around .... But by far, the most important thing I have done is meet interesting people. With some I have had small chats and with others I have shared days, and even a month with Alex. Those are my best memories from this amazing continent.


It was very exciting to get to Cape Agulhas. The southern tip of Africa!! Towards the left laid the Indian Ocean. Towards the right, the Atlantic Ocean. In front of me, beyond the horizon, Antarctica. Behind me, more than half a year pedaling in Africa. I sat and looked around. What I saw and what I felt. Tears silently reminded me that I had got it.


I did not feel euphoric, I didn't want to scream, but I felt peace and satisfaction. Pride for the human ability to overcome. The one we all have and allows us to go much further than we believe. It's only a matter of jumping.


When I arrived in Cape Town I didn't go directly to my hostel. I went to the waterfront with my bicycle, one of the best places to admire the awesome Table Mountain which, with more than one thousand meters high, dominates the whole city.


In front of that montain my way pedaling through Africa ended. The scene was totally different. The feelings were the same: peace, satisfaction and pride.

In South Africa it has happened to me several times that someone approaches to me and opens the doors of their house. I have had dinner, slept and had breakfast along with extraordinary people. Without fear of strangers. With huge hearts. These last days in Cape Town, fate has given me a whole family, with whom I have connected deeply and whom I carry in my heart. I could not finish my trip better.


This journey is already part of my life. In my future I will have other journeys to Ithaca. We all will have them.

I hope this experience will help me on my future journeys.

I hope this experience will inspire you in your future journey.

A big hug,

César.


1 comentario:

  1. Qué xulo César.
    La verdad es que dan ganas de viajar de esa manera a esos países! !!
    Pero yo mejor viajo asi con la imaginación y a través de tus estupendos blog. .....


    Y me conformo con viajar de forma más convencional....

    Un beso y que disfrutes tus nuevas itacas....

    Y muy xula las fotos....!! Y la última con la bici con todas las banderas. ...genial!!

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